Parecía imposible. La tarde de noviembre del año pasado en que abrí como todos los días la página web de “El Comercio” es y será uno de los momentos más grandes de mi vida. Y es que saber que tu banda favorita pise tu país y te regale 2 horas de su vida en un escenario fue lo mejor que me pudo pasar. Mi vieja piensa que soy un loco, ó como ella dice un “huevón” al escuchar esa música que según ella le malogra los oídos pero es así pues, algunos no aprecian la buena música.
Metallica es uno de mis grupos favoritos y ante su inminente llegada a Perú quien escribe junto con 2 “incomprendidos” más compramos nuestras entradas con 2 meses de anticipación, era la segunda más cercana hacia el escenario(zona E), y gracias a ello pude ver a James Hetfield y todo el grupo a 25 metros de mí aproximadamente.
Y si que esperaba ese 19 enero en el que los 4 jinetes retumbarían el Estadio San Marcos. No había un solo día que no viera mi entrada que estaba guardada en mi closet (asegurada bajo libros ante cualquier arremetida de un hermano envidioso) así como también noche que no escuchara ese riff contagioso al inicio de Master of Puppets.
Empecé con esto del metal (heavy, trash ó como quieras llamarle) hace como cuatro años y medio cuando cogí el Ipod de un pata de la academia y me puse a ver que música tenía. Otros metaleros dirán que no se nada en relación a este género ya que para ellos cuatro años no es nada comparado con las décadas (de algunos) que ellos llevan en esta locura sin embargo no hay limite de edad para escuchar lo que uno prefiere…punto. En ese tiempo no era ni fan ni contrario a algún genero musical sin embargo luego de escuchar la batería en Run to the Hills de Iron Maiden me enamoré de todo lo que tenga que ver con el metal… así como también me impactó Eddie (mascota del grupo británico).
Y luego de tanta espera (dos meses es demasiado) cayó el bendito 19 en el calendario del primer mes del año. Dos días antes de la “fiesta” ya se encontraban varios locos acampando para tener la mejor ubicación en el concierto; mi vieja no se comió mi floro de un campamento así que fui el mismo día a hacer mi cola, eso sí, desde las 8 de la mañana. A la llegada al estadio encontré con Orlando y Giovanni, patas de la universidad, con quienes estaría en todo momento en el concierto…ah! la cola recién avanzó a las 4 e ingresamos al recinto una hora después.
La hora pactada para el inicio de la velada eran las 9 de la noche sin embargo éste comenzó con media hora de retraso pero sabes que no importó la demora; al escuchar por los parlantes y ver en pantalla LED gigante (de unas 150 pulgadas a aproximadamente) el intro de The Ectasy of Gold y luego ver a Lars pararse sobre su batería y lanzar sus baquetas hacia nosotros me sentí libre, me sentí como soy, un loco mas como los 50 mil que me rodeaban y que coreaban una y otra vez el “Exit light… Enter night” de Enter Sandman.
No fue una noche más, fue la noche en que me “maté” viendo a mi grupo favorito y espero que en el futuro no muy lejano mi hijo (cuando lo tenga) al ver estas palabras y las fotos capturadas en esa noche sienta y se interesa por este movimiento que muchos toman como agresivo, diabólico… que vaaa!!! Algún día me entenderán.
Metallica es uno de mis grupos favoritos y ante su inminente llegada a Perú quien escribe junto con 2 “incomprendidos” más compramos nuestras entradas con 2 meses de anticipación, era la segunda más cercana hacia el escenario(zona E), y gracias a ello pude ver a James Hetfield y todo el grupo a 25 metros de mí aproximadamente.
Y si que esperaba ese 19 enero en el que los 4 jinetes retumbarían el Estadio San Marcos. No había un solo día que no viera mi entrada que estaba guardada en mi closet (asegurada bajo libros ante cualquier arremetida de un hermano envidioso) así como también noche que no escuchara ese riff contagioso al inicio de Master of Puppets.
Empecé con esto del metal (heavy, trash ó como quieras llamarle) hace como cuatro años y medio cuando cogí el Ipod de un pata de la academia y me puse a ver que música tenía. Otros metaleros dirán que no se nada en relación a este género ya que para ellos cuatro años no es nada comparado con las décadas (de algunos) que ellos llevan en esta locura sin embargo no hay limite de edad para escuchar lo que uno prefiere…punto. En ese tiempo no era ni fan ni contrario a algún genero musical sin embargo luego de escuchar la batería en Run to the Hills de Iron Maiden me enamoré de todo lo que tenga que ver con el metal… así como también me impactó Eddie (mascota del grupo británico).
Y luego de tanta espera (dos meses es demasiado) cayó el bendito 19 en el calendario del primer mes del año. Dos días antes de la “fiesta” ya se encontraban varios locos acampando para tener la mejor ubicación en el concierto; mi vieja no se comió mi floro de un campamento así que fui el mismo día a hacer mi cola, eso sí, desde las 8 de la mañana. A la llegada al estadio encontré con Orlando y Giovanni, patas de la universidad, con quienes estaría en todo momento en el concierto…ah! la cola recién avanzó a las 4 e ingresamos al recinto una hora después.
La hora pactada para el inicio de la velada eran las 9 de la noche sin embargo éste comenzó con media hora de retraso pero sabes que no importó la demora; al escuchar por los parlantes y ver en pantalla LED gigante (de unas 150 pulgadas a aproximadamente) el intro de The Ectasy of Gold y luego ver a Lars pararse sobre su batería y lanzar sus baquetas hacia nosotros me sentí libre, me sentí como soy, un loco mas como los 50 mil que me rodeaban y que coreaban una y otra vez el “Exit light… Enter night” de Enter Sandman.
No fue una noche más, fue la noche en que me “maté” viendo a mi grupo favorito y espero que en el futuro no muy lejano mi hijo (cuando lo tenga) al ver estas palabras y las fotos capturadas en esa noche sienta y se interesa por este movimiento que muchos toman como agresivo, diabólico… que vaaa!!! Algún día me entenderán.

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